Arquitectura Popular

Sierra de Gredos – Valle del Tiétar

Arquitectura Popular de Casavieja

El urbanismo de Casavieja, como el de tantos otros pueblos del Valle del Tietar y la Sierra de Gredos, es bastante irregular, se ve claramente que no responde a un trazado concreto, ni tampoco sigue unas normas establecidas. Esto puede deberse a lo abrupto del terreno en la Sierra de Gredos, pues al ser una zona de alta montaña, hay laderas, barrancos y caídas en picado muy difíciles de salvar. Así, los antiguos, construyeron como y donde pudieron, esto no quiere decir que esté mal, ni muchísimo menos, ni se pretende quitarles méritos por no haber seguido un trazado hipodámico, muy al contrario, si no lo hubiesen hecho así, no mantendría ese peculiar encanto de los pueblos del Valle del Tietar y la Sierra de Gredos.

Con respecto a la arquitectura hay que diferenciar dos partes: la religiosa y la civil. Este estudio va a comenzar con la religiosa y el mejor y único ejemplo es la iglesia pues este pueblo carece de ermitas.

1. LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA.
El inicio de este edificio data del S.XVI, aunque sigue su construcción en los siglos XVII y XVIII, siendo testigo de ello las fechas grabadas en los sillares del exterior y los libros de fábrica del Archivo Diocesano.
La cubierta es a dos aguas en teja cerámica aunque actualmente ha sido restaurado por la cantidad de goteras que dañaban el interior del templo.

En el exterior, la iglesia está rodeada por una calle empedrada acotada por un pequeño murete que delimita los dominios de esta propiedad. Esta calle sirve para procesiones menos importantes, por ejemplo, cuando sacan el santo de alguna cofradía, en vez de dar la vuelta al pueblo, solamente se da a la iglesia. Para acceder a la iglesia hay que bajar cuatro escalones y así se salva el desnivel de la calle creando una entrada majestuosa con esta pequeña escalinata.

En el lado sur, cruzando la callecita empedrada se encuentra el antiguo cementerio, actualmente se ha vaciado totalmente de restos humanos y se ha construido una Casa Parroquial. Pero en la primitiva portada se puede leer, en el dintel, unos caracteres y una cruz latina “Oh morsiero” debajo “IV morstua” y al lado el año “Anno DÑI 1830”.
Los muros están realizados con sillares de granito bastante regulares, salpicando aquí y allá con unas pequeñísimas ventanas, evitando así el aburrimiento de la vista.

La iglesia tiene tres portadas:
1. La Septentrional: es la fachada más importante estética y artísticamente hablando y además es la que sirve, normalmente, de acceso al templo. Presenta una factura claramente barroca, aunque algunos autores se han empeñado en clasificarla de renacentista por los remates de bolas, típicos del Escorial. Tiene unas formas sencillas y poco ampulosas. La puerta de corte cuadrangular está flanqueada por dos pilastras adosadas a la pared, situadas sobre unas altas basas y rematadas por un capitel dórico. En el cuerpo superior, una hornacina en el centro y a los lados unas pilastras más elaboradas que las de abajo. Como decoración entre cuerpo y cuerpo, unas alegres cornisas voladas. En la parte más alta se puede ver los remates decorativos de las bolas de corte herreriano y como no, los alerones típicos del periodo barroco.

2. La fachada occidental: hay que describirla como una fachada muy simple y sencilla, carente de decoración, exceptuando los repetitivos remates escurialenses situados en la línea del tejado. Aquí se puede ver claramente la caída a dos aguas de la cubierta pues finaliza en corte triangular. La puerta era redondeada aunque la actual es cuadrada con la parte superior formando un arco de medio punto, fijo y con una reciente vidriera para permitir un mejor acceso de la luz. Para el acceso una escalinata con tres escalones realizados con sillares de duro granito. En la parte media una ventana que sirve para iluminar la tribuna.

3. La fachada sur: Puede decirse que es la más interesante pues es la que más información nos da, sobre todo, referente a las fechas de la construcción. Hay una en el dintel de una ventanita de la primitiva capilla bautismal y que es 1697. Otra está en la mitad de la clave del arco de medio punto que se abre para dar paso al “Portalito”, que es la tercera puerta del templo, está pintada en rojo y nos da otro año, 1711. Es un portal como su nombre indica, rematado con una bóveda de cañón en piedra, en la parte baja hay unos asientos corridos hechos también en piedra. En el suelo, se puede apreciar, los restos de una lápida funeraria de mármol. Cuando éramos niños teníamos gran respeto por no pisar “donde había un muerto” y solíamos sortear el obstáculo saltando por encima de ella, pero también teníamos gran curiosidad por saber quien estaba enterrado allí y que yo recuerde no lo llegamos a saber nunca. Pero ahora, tras unas pequeñas indagaciones he sabido que se trata de un párroco de esta iglesia, D. Marcelino Neila, natural del Barco de Avila y que estuvo al frente de la parroquia durante cuarenta años, veinte de ellos ciego. Para ayudarle con sus tareas sacerdotales cuando no tenía vista, vinieron sus hermanos, uno de ellos era también sacerdote y regentaba la parroquia de Zapardiel de la Ribera, D. Joaquín Neila, su hermana le ayudó en las tareas domésticas y se casó en este pueblo, dejando aquí su descendencia. D. Marcelino pidió en su lecho de muerte que le enterraran en su amada iglesia para estar más cerca de sus feligreses. El entierro ocurrió en el año de 1913, según consta en el archivo parroquial.

SIERRA GREDOS VALLE TIETAR

En la mitad de la enjuta del arco, se puede ver el antiguo reloj de sol de la Villa, bastante deteriorado y que convendría restaurar pues entra dentro de las curiosidades de este pueblo.

La Torre está adosada al lado sur y está situada entre el “Portalito” y la actual capilla bautismal. Está dividida en cuatro cuerpos, los tres primeros son de piedra labrada en espléndidos sillares, rematados por una ligera cornisa. En la parte baja hay una fecha, 1693, que nos indica el año de construcción de la torre. El último es de ladrillo y termina con un juego o combinación de ladrillos en punta que recuerdan el estilo mudéjar y que nos indica una fecha de construcción más tardía que la que apunta el cuerpo inferior.

Al lado de la torre se aprecia el ejemplo de ventanas más sorprendente y espectacular de la iglesia. Son dos ventanas apuntadas que nos indican su carácter gótico,  esto es lógico, pues como es sabido, las cabeceras de los templos son más tempranas que el resto, pues el edificio empieza a construirse  por esta parte, para  terminarla pronto y así, el obispo de la zona la consagre cuanto antes y se empiecen a dar misas a pesar de no estar terminado el resto.

Presenta una planta rectangular con capillas en el lado norte, en la cual, el presbiterio no resalta, pues es cuadrangular con dos capillas adosadas. Tiene una única nave, dividida en varios tramos por tres grandes arcos de medio punto atravesados sorteando la armadura a dos aguas del tejado.

El interior de la iglesia ha sido restaurado, manteniendo todo el sabor antiguo y la austeridad que le dan sus muros de mampostería. Anteriormente estos muros estaban encalados siguiendo las modas y gustos de algún párroco caprichoso, por eso hay que dar las gracias a D. Máximo Torres, sacerdote que todos conocimos, que fue el que limpió y restauró los muros.

Su cubierta está enriquecida con su artesonado de madera de pino, hoy exclusivamente decorativo. Es de par y nudillo y está atravesado por dos pares de tirantes. Forma tres partes claramente diferenciadas y separadas por los tres grandes arcos de medio punto de piedra, destacando el triunfal que es apuntado.

El suelo está cubierto por unas lamas de madera que dan al templo un aspecto más acogedor.

La cabecera presenta la capilla mayor con dos capillas menores adosadas. La de la parte sur sirve de baptisterio, con una pila bautismal, de duro granito, tiene en su interior un recipiente de barro cocido con conchas ornamentales. La imagen de S. Juan Bautista, patrón de esta iglesia y que lleva su nombre, de tamaño natural, preside la escena. Hay otras dos imágenes, S. Isidro Labrador, con su pareja de bueyes, y la Virgen del Pilar. Hay que resaltar que esta capilla permite el acceso a la torre por una angosta escalera en espiral. De esta capilla se destaca también su gran luminosidad, lo cual no abunda en esta construcción, por medio de los dos ventanales góticos.

La otra capilla sirve para albergar el nuevo órgano y para guardar los santos de las procesiones de Semana Santa, de los que hay que destacar el sepulcro con Cristo muerto y el Resucitado.

Ambas capillas están cubiertas por un artesonado de madera

Al fondo de la capilla mayor se entrevé la puerta de entrada a la sacristía que se encuentra detrás del gran retablo, por eso, lo que destaca en planta no es el presbiterio como cabría suponer si no se conoce el interior, sino que es la sacristía. En esta sala se encuentran los recios armarios de roble que guardan las ropas litúrgicas, los libros y los utensilios sagrados necesarios para los oficios religiosos. Pero lo más importante que posee esta habitación es un cuadro situado encima de la puerta que da a la calle. Este cuadro, de gran valor artístico, es del s. XVII con una clara influencia del tenebrismo y factura del genial Ribera, pintor de Santos, Mártires y escenas de martirios. El tema de esta obra es el “Martirio de S. Bartolomé”, patrón de este pueblo, y se ve claramente el sufrimiento del santo en el momento en que le arrancan la piel a tiras. Los contrastes de luces y sombras son evidentes, al igual que su colorido tenebrista. Al parecer este cuadro se encontraba antes en la capilla de la  Virgen de la Salud y sería curioso conocer quien fue el donante, (quizás en una investigación posterior más profunda).

La cabecera está cubierta por una bóveda gótica de crucería, formando la composición llamada de “terceletes”. Esta zona se separa del resto por medio de un gran arco triunfal, que esta vez no es de medio punto sino de crucería afirmando su estilo inicial gótico. Para acceder al altar hay que salvar una pequeña escalinata, poniéndolo así, en un lugar más alto, para que todos los feligreses puedan ver al sacerdote. En la parte sur hay un púlpito para la predicación, esculpido en duro granito gris. Los vanos que permiten el paso a las capillas laterales están rematados con arcos de medio punto en los que se pueden apreciar sus perfectas dovelas.

Pero lo que realmente llama la atención es el Retablo Mayor empapado del estilo ampuloso del barroco. Es de madera, policromado en verde jade y dorado con la técnica del pan de oro. Está dividido en tres calles, siendo la central el doble que las laterales y están separadas por unas columnas de corte salomónico. La calle central está coronada por la Paloma del Espíritu Santo. Debajo en diferentes  hornacinas, un Cristo crucificado en el Monte de los Olivos y Santa Teresa, patrona de nuestra capital de provincia, Avila. En la parte baja se sitúa el Sagrario, de metal dorado, que está custodiado por dos bellos ángeles escultóricos y en el que llama la atención el relieve del pelícano, símbolo de la Iglesia Católica. En la calle derecha, S. Juan de la Cruz con su hábito típico y S. José con el niño y la vara florecida, símbolo de su unión con la Virgen María. En la otra calle, S. Juan de Sahagún, patrón de Salamanca, y la Inmaculada, talla actual realizada en madera natural. El banco de este retablo es muy sencillo adornado con bellos motivos vegetales.

El lado sur tiene un retablo barroco, encastrado en una gran hornacina. Es de dos cuerpos y está adornado con columnas salomónicas. La parte superior presenta una conmovedora pintura, la Piedad, trazada según los modelos predominantes de la iconografía del momento. En la parte inferior, el Nazareno y la Dolorosa, salidos del taller de Luis Martín de Salamanca, tras ellos, una bella tabla pintada. Presenta una “Deesis”, es decir, la Virgen y S. Juan Evangelista, con el típico manto que lleva en esta ocasión, el rojo, están a los lados del Cristo Crucificado, que es una escultura, y representa el momento en que ofrece su madre  al apóstol más pequeño y a la Virgen le dice que acoja a su hijo, Juan.

Casi en el centro de esta pared, la portada sur que da al Portalito. Y a un lado, la antigua capilla bautismal.

A los pies del templo está la tribuna, realizada toda ella en madera, sustentada por una recia viga horizontal que descansa en su centro sobre una columna de granito de tradición dórica. Allí estaba el antiguo órgano barroco destruido durante la Guerra Civil, se adquirió en 1659 y se restauró en 1882, hoy están instaladas en lugar del órgano las calderas de la calefacción. Para dar luz a la tribuna hay una ventana con una bella vidriera que representa al tetramorfos. En la parte baja la portada de poniente con otra vidriera con unos motivos decorativos bastante sencillos.

La parte del Norte acoge la portada septentrional y dos capillas que están adosadas al muro. La más importante es la de la Virgen de la Salud, a la que se procesa gran devoción en este pueblo, de ahí la peculiar estrofa:

“La Virgen de la Salud
le dijo a la del Pilar
si tu eres aragonesa
yo castellana y con sal”.

Esta capillita tiene un retablito barroco con la imagen de la virgen como protagonista y un confesionario. La otra capilla también posee otro retablo barroco aunque más grande que el anterior. Está dividido en tres calles, en el centro la Dolorosa, a la izquierda S. Antonio y a la derecha la Virgen del Carmen. El banco está decorado con angelitos y sobre él un secundario sagrario de madera dorado por si se da misa en esa capilla. A los lados, otro confesionario y un pequeño altarcito con la Virgen del Rosario y el niño Jesús. Esta capilla funcionó como sacristía hasta 1881, fecha en que se hizo la actual. Está cubierta con una bóveda gótica de fuertes nervios, con medallones adornados con cruces y motivos vegetales.

En los muretes que separan el presbiterio de la nave hay dos pequeños altares con S. Bartolomé en uno y la Purísima en otro.

Para finalizar este sencillo análisis, sólo destacar la bella orfebrería que posee esta iglesia, con candelabros, cálices, vinagreras, botafumeiros y la gran lámpara de aceite que se colgaba del techo y bajaba al suelo para su limpieza por un mecanismo de cuerdas.

Por último, este trabajo estaría incompleto si no se hablara de las Cofradías de esta parroquia, hay varias y entre ellas destacamos la de la Vera Cruz (que suele ser mayoritariamente de índole masculina). La del Corazón de Jesús y la de la Virgen de los Dolores (que son para las mujeres) y la de S. Antonio, para ambos. Esto es de gran importancia pues como es sabido para crear una cofradía se necesita una dispensa papal, por tanto, el Papa, en algún momento de la historia se puso en contacto con nuestro pueblo, sobre todo con sus párrocos.

BLÁZQUEZ MATEOS,E.- “Viaje artístico por el Valle del Tietar”. Mijan. Ávila. 2000.